Mario Diaz Laguardia: de todo un poco

Brockman y la batalla de los intelectuales

Publicado en Ciencia, Cultura, Edge, Filosofía, Intelectuales by Mario Diaz Laguardia en Junio 13th, 2007

Acabo de leer una entrevista realizada a John Brockman por Salvador Llopart y publicada en “La Vanguardia” el miércoles 14 de Septiembre de 2005: “La ciencia ganó la batalla”. En estos tiempos cuando tratamos de que todo pase a velocidades cercanas a las de las luz, este texto parecería una antigualla. Sin embargo, como no se trata del anuncio de una novedad tecnológica, dos años apenas lo han mellado.

Brockman es un agente literario y animador cultural. Lo conocí hace algún tiempo a través de Internet cuando investigaba sobre el controvertido artículo de Bill Joy “Why the future doesn’t need us”. Descubrir edge.org y todos los artículos catalogados dentro de la llamada tercera cultura fue una verdadera revelación. Leyendo un poco más sobre su vida me entusiasmó al punto de hacerme volver sistemáticamente a Edge.

Regresemos a la tercera cultura. La superespecialización de nuestro tiempo ha creado una fractura entre la intelectualidad artística-literaria y la científica. La tercera cultura, mencionada por C. P. Snow en la segunda edición de su libro “Las dos culturas” (1963), llenaría ese vacío.

Según Brockman la tercera cultura ya es un hecho, pero llevada por los científicos y no por los escritores y artistas. Los intelectuales de “letras” han perdido la batalla por no comunicarse con los científicos.

De esta entrevista me llamó la atención el trato casi despectivo a Freud y a Marx, cuando los menciona como paradigmas para autores de textos propios de los años 40 y 50.

La respuesta a la pregunta de qué queda del marxismo es: “Corea del Norte y algún que otro departamento irreductible de estudios culturales en algunas universidades.(…) En la ciencia el marxismo no ha dejado ninguna huella.”

Temo que Brockman, como muchos a lo largo del siglo XX y en particular en los tiempos que han seguido al derribo de estatuas y muros, se ha quedado con lo epidérmico del marxismo y no ha estudiado más allá de las apariencias políticas de una doctrina filosófica profunda. Marx brinda un método para el análisis no un sistema filosófico cerrado del que se apropiaron algunos y convirtieron en dogma, contrario a los mismos principios marxistas.

Su huella o no en la ciencia es discutible. El método dialéctico materialista es natural al pensamiento científico. No fue Marx quien primero habló de la dialéctica, que encuentra su cúspide en Hegel. Marx elimina los límites autoimpuestos por Hegel al considerar el estado prusiano del siglo XIX y la religión cristiana los momentos culminantes del desarrollo de la Idea, que es el ente que evoluciona dialécticamente.

Muchos de los seguidores del marxismo se centraron en el carácter político, propio de la preocupación marxista de que el método filosófico se convirtiese en herramienta para la solución de los problemas de los proletarios de finales del siglo XIX y el XX. Recordemos la historia, quizás apócrifa, de que Marx deseaba ver “El Capital” convertido en el libro de cabecera de los obreros ingleses.

Desde el punto de vista científico seguimos entonces a la espera de la continuación de los estudios sobre el marxismo y de una mayor difusión de los resultados. ¿Deseo de restaurar iconos del pasado? No, se trata de una mejor comprensión del pasado para analizar con más completitud el presente.

Sobre Freud, Brockman dice: “…lo que está ocurriendo ahora en el campo de la neurociencia deja a Freud como una superstición del siglo XVIII. Sus ideas son irrelevantes…” Otra aseveración discutible. A raíz del 150 aniversario del ilustre vienés aparecieron artículos que mencionan su relevancia en los estudios del cerebro que van más hacia lo fisiológico y menos hacia el psicoanálisis.

No obstante lo más valioso de Marx, Freud y otras figuras “del pasado” es que puedan dar lugar a debates y estudios contemporáneos que ayuden a entendernos mejor.

Concuerdo en que el intelectual “tradicional, alejado de la ciencia…” es un ser infeliz. No puede ser de otra manera cuando nuestro tiempo está marcado profundamente por la ciencia que deja su huella en todos los ámbitos de la vida, incluso de manera negativa por su carencia en los puntos económicamente más atrasados del planeta.

Como colofón de la entrevista, Brockman expresa que no se puede entender el mundo sin la ciencia (no que los científicos son quienes deben dirigir el mundo). Seguro que una visión más poética ayudará a comprender mejor la realidad. Cuánto de arte y poesía tienen los descubrimientos e invenciones que conocemos y disfrutamos actualmente. (Mirando otros artículos en el mismo suplemento he encontrado un artículo que defiende esta postura: “El Síndrome de Dawkins” por Jordi Pigem. Quizás sea material para una entrada futura)